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viernes, 31 de julio de 2026

La Cruz de Chimba


Si decides volver a la montaña, no dudes

                                                                                                y guíate por las veredas que trazan las

      nubes.

Cruz de Chimba, Martín Paredes Aparicio

          

 

    Cada tarde, cuando el sol se envuelve y tiembla bajo ese color anaranjado del ocaso, José bajaba desde la Casa del Guarda por el senderillo de la fuente al área recreativa de la Cañada de las Hazadillas. En aquellos tiempos, normalmente no quedaba nadie a esas horas, excepto algún que otro loco montañero refugiado en su antigua “Susana” (nombre que mis amigos y yo dábamos a nuestras tiendas canadienses. Hubo Susana I, II, III y aún conservo la IV como reliquia). José se acercaba a nuestra tienda de campaña, nos saludaba, nos daba los mismos consejos de siempre y nos hacía partícipes de alguna que otra tarea de vigilancia. Luego, arrancaba su moto, la que él llamaba cariñosamente La Chicharra y se perdía en las curvas serpenteadas entre pinos con dirección a su casa.

   La Cañada de las Hazadillas es el área recreativa más conocida por los jiennenses amantes de un día de campo. Desde allí podemos hacer desde una pequeña excursión por los alrededores o como punto de partida de variadas rutas senderistas, como es el caso de la subida a la Cruz de Chimba.

   Llegamos a la fuente donde aún resuena el eco de La Chicharra de José, con su mirada traviesa y sonrisa burlona. Justo por encima, sale el sendero que sube hasta la Cruz de Chimba.

   ¡Ay, la Cruz de Chimba! Aquella era una época en la que casi nadie conocía su localización, más aún, nadie sabía que existía aquella antigua caseta de vigilancia forestal. El tiempo y la naturaleza habían formado un pacto para entretejer unas redes camaleónicas difuminando aquella antigua senda. Éramos pocos los elegidos con acceso a ese secreto guardado, pues había otras formas de llegar. La más sencilla y expuesta, la del camino forestal que subía hacia Palomares y que, tras un desvío, ascendía hasta los llamados llanos de Navalopos. Un camino que termina sin más y si no conocías la ubicación del refugio, tenías que dar muchas vueltas hasta encontrarla.

   Llegar con un haz de leña bajo el brazo, la mochila calada en los hombros formando como un ser mitológico todo en uno y las ganas de llegar a ese monumental precipicio. En los días de niebla podríamos creer encontrarnos en el final del mundo y en los despejados, veremos el maravilloso Valle de Otiñar, la monumental Pandera abanderada con la fealdad de las antenas, el Ventisqueros moldeando el Pantano del Quiebrajano y al fondo, como si fuera una maqueta en miniatura, Jaén bajo la sombra de su castillo formando un trono para su reina la Catedral.

   Cenamos y, ¿por qué no?, nos tomamos un trago del suspiro de los dioses guardado como genio oculto en su lámpara, pero en forma de petaquilla. Pedimos nuestros deseos y las estrellas nos gritaron una a una su adivinanza de la noche. Tal vez, nos pasamos de sorbos o nos sobraron deseos.

   La Cruz de Chimba hoy día es un lugar de peregrinación de los amantes de la montaña. Podemos ver a niños y mayores acompañados con sus mascotas para asomarse a uno de los rincones de la Sierra Sur más queridos. Allí encontraréis una placa dedicada a José Luis Parras (Pepe Cumbres para los amigos), que nos dejó hace unos años. Bonito homenaje el dejar un pedacito de su memoria en un lugar donde tantas veces se había asomado a observar la tierra de sus ancestros.

   José, el guarda forestal, también hace años que ya no está entre nosotros. La Chicharra la tuvo un tiempo su hijo Francis para subir y bajar del trabajo y nosotros, al menos subimos una o dos veces al año para compartir sueños con las estrellas y morder el tapón de la petaca trasroscada por el paso del tiempo. Al final, conseguimos desenroscarla y beber unos sorbos con los pies colgados hacia el abismo. Brindamos por Luis (el Kayser), José Luis y José y por tantos locos que hemos peregrinado en vida para asomarnos al abismo de esa montaña y su balcón hacia el mundo.

   Nos vemos por las sendas de Jaén, no te pierdas… O sí.

miércoles, 3 de julio de 2024

Hay un balcón en la Pandera llamado Peña del Altar



 

La Pandera, tanto para los habitantes de Jaén como para montañeros y senderistas, no es una montaña cualquiera. Con sus 1872 metros de altitud, es el pico más alto de la Sierra Sur. Allí, como casi todo el mundo sabe, hubo una base militar de telecomunicaciones, que tanto dio de hablar en su época. Se decía que era una base norteamericana, que allí comenzaron los primeros experimentos para controlar la meteorología, e incluso, que servía de soporte para contactos alienígenas. La imaginación del ciudadano da mucho juego ante lo desconocido.

Pero no, los americanos solo pusieron su tecnología. El lugar fue un Centro de Telecomunicaciones del Ministerio de Defensa de España ubicado en una zona estratégica.

La Peña del Altar es el pico situado en la zona más oriental de la montaña. Tiene una altura de 1818 metros y está separada de la cima por una gran nava. Desde mi punto de vista, es uno de los más bellos miradores de la Sierra Sur de Jaén. Justo en su cúspide se hayan dos casetas de vigilancia del INFOCA: una moderna usada por los agentes forestales en los meses con peligro de incendio y otra más antigua utilizada como refugio para senderistas y montañeros. 

Ese antiguo refugio está lleno de anécdotas y recuerdos. Como el día que ascendimos bajo una nevada impresionante. Llevábamos un buen rato descansando e intentando entrar en calor. Llegaron dos soldados de la base, por cierto, muy cabreados, y nos pidieron que nos marcháramos al encontrarnos en zona militar. Estaban calentitos en el cuartel y tuvieron que pasar un buen rato de frío para echar a aquellos dos jóvenes locos a los que les dio por subir con el nevazo que estaba cayendo aquel día. Pero bueno, en el interior del refugio se les ofreció un cigarrillo, un buen trago de la petaca y se fueron tan contentos. Eso sí, con nuestros números de carnet apuntados por si éramos un peligro. ¿Quién me iba a decir a mí que uno de los altos mandos de la base sería en un futuro mi suegro?

Lo que nos lleva a esos locos a subir a lo más alto son las sensaciones, la paz de la cumbre y, en este caso, las bellas vistas, sobre todo la puesta del sol desde este balcón natural llamado Peña del Altar.

Para terminar, os transcribo unos apuntes que hice sentado en la puerta del refugio una tarde de primavera con la vista puesta en el horizonte.

«Allá, en lo más alto de la Sierra Sur de Jaén, la paz toma colores mágicos; el cielo sacude sus sensaciones cósmicas; las nubes juegan a tocarlo todo y nosotros nos quedamos embobados mirando.

La geometría del sol parte montañas, La Peña del Altar tiembla, ruge la sombra al conquistarla.

El Quiebrajano, enmudecido, sigue las antiguas líneas del Valle del Parrizoso. Los sueños están escondidos, pronto habrá que encontrarlos.

El Aznaitín lo divisamos a lo lejos, silueta convertida en imagen machadiana. Desde este lugar podemos divisar también a Las Alcandoras, montaña que tal vez toma ese nombre cuando el sol se refleja en sus cortados verticales pareciendo desprender fuego, aunque en otros tiempos la llamaron Cinto del Fraile. La elevación más próxima intenta dejar su silueta marcada en el horizonte. Os hablo del Cagasebo (apelativo feo, para tan bonita montaña). En su estribo dejó su nombre lejos la que llaman por su albura, Peña Blanca.

El ocaso vence sobre la Sierra, ha dorado siluetas en lontananza. Los aledaños son sombras empobrecidas que recogen en silencio la noche muda.

Se retira el sol: cántale una nana. El horizonte enrojece y los espacios tiemblan; la Sierra Sur estará acunada entre olivos en su bella estancia».

Si tenéis la suerte de ver el ocaso en la cima de una montaña, no dejéis de mirar al horizonte, pues suele dictar versos, ideas, pinturas, música, arte, vida.

 Nos vemos por las sendas de Jaén. No te pierdas…O sí.

Publicado el 16 de junio del 2024 en ExtraJaén

 


jueves, 22 de julio de 2021

A José Luís Parras Aranda, el nuevo jardinero del Edén.



Hace tres meses nos encontramos en una consulta de traumatología y hablamos de muchas cosas, ya se sabe en las salas de espera a eso toca, esperar. Los dos con las muñecas doloridas o dormidas, contándonos nuestros últimos avatares de la vida. Me recordabas como sorprendía a los profesores en la pizarra del colegio, me cansaba de escribir con la derecha, pasaba la tiza a la izquierda y seguía mi ejercicio tan tranquilo, tú te reías y esperabas la sorpresa, sobre todo de los profesores de prácticas, que no sabían de mi habilidad ambidiestra.

También recordamos cuando éramos todavía unos niños, nuestra primera acampada junto al Castillo de Otíñar, así como, aquellas olimpiadas montañeras en Río Madera. Después la vida nos trazó una línea curva y cómo no, nos volvió a unir las amistades, la montaña y el Facebook, aunque nunca perdimos del todo el contacto.

Hoy, seguro que estarás arreglando los Jardines del Edén, y ten cuidado con esas ramas que se parten fácilmente, ya que el abismo allí es más profundo. Después subirás a las cumbres más altas, las más altas que nunca soñaste hacer, explorarás barrancos y cuevas, y te sumergirás en las pozas más hermosas. Hoy mi estómago se ha encogido, y esto que te escribo, lo he intentado escribir con las dos manos, como tanto te divertía en el colegio, pero amigo, esto lo he escrito con el corazón. Hasta siempre amigo José Luís, guardaré como oro en paño aquel pañuelo de Otíñar que me regalaste.  

lunes, 12 de septiembre de 2016

Luz y sombras de la Pandera



Allá en lo más alto de la Sierra Sur de Jaén, la paz toma colores mágicos, el cielo sacude sus sensaciones cósmicas, las nubes juegan a tocarlo y nosotros nos quedamos mirando.
La geometría del sol parte montañas, La Peña del Altar, tiembla, ruge la sombra al conquistarla.

El Quiebrajano enmudecido sigue las antiguas líneas del Valle del Parrizoso. Los sueños están escondidos, pronto habrá que encontrarlos.
El Aznaitín a los lejos silueta machadiana. Arden como dice su nombre, en el centro, Las Alcandoras. Y mas cercano, resistiendo, el Cagasebo (apelativo feo, para tan bonita montaña), en su estribo, dejó su nombre lejos, Peña Blanca.


El ocaso vence sobre la Sierra, ha dorado siluetas en lontananza, los aledaños son sombras empobrecidas que recogen en silencio la noche muda.


Se retira el sol, cántale una nana, el horizonte enrojece y los espacios tiemblan, La Sierra Sur estará acunada entre olivos en su bella estancia.
El Senderista loco


jueves, 11 de abril de 2013

Peña Blanca

 Tras un largo paréntesis en mi labor de difusión gráfica y escrita, he decidido dar paso a otra etapa de este blog, más que blog, mi diario de senderos por este mundo maravilloso de la naturaleza. Comenzar con Peña Blanca, ha sido más por motivos prácticos que por otra causa. Las fotos llevan subidas en mi álbum más de cuatro meses, ya que iba a ser la siguiente entrada antes del “parón”. Esta etapa de locos senderos, será más gráfica, ya que nunca he pretendido que este blog sea un decálogo de rutas con explicaciones paso a paso, ni kilometrajes y tracks de GPS, no, este blog ha sido y será un manifiesto de sentimientos ante un paisaje, un olor, una emoción, siempre amenizados con mi fotografía y mi buena intención.




 La ruta:
Hemos subido muchas veces desde Río Frío hasta la Pandera, por el Puerto de la Hoya, pero siempre nos llamaba la atención, que pasada la Fuente del Obispo, el sendero tomaba doble dirección. La habitual de subida hacia el Puerto de la Nava, penúltima etapa hacia la cima de la Pandera, y con casi la misma perfección dibujada en la tierra por los antiguos pasos de arrieros y mulas, el sendero que nos conducirá a Peña Blanca.
Peña Blanca, es otro de los grandes balcones de la Sierra Sur de Jaén, a las faldas del Pico Cagasebo, desde sus peñas podremos ver Jaén y su  mar de olivos, toda la Sierra de las Alcandoras, Los Propios, Matamulos, Peña Palo…Embalse del Quiebrajano, El Ventisqueros, verde pino, azul de aquel maravilloso cielo otoñal y limpio y  el águila real sobrevolando su reinado.












 Todo un espectáculo de naturaleza, en un paseo que nosotros no quisimos alargar más, ya que fue un día para disfrute y tranquilo, pero que tiene un sin fin de posibilidades a su alrededor.




 Peña Blanca, otra ruta para apuntar y hacer, si quieres conocer rincones de esta maravillosa Sierra desprotegida por las administraciones, desconocida por el gran público de naturaleza y bella, muy bella.

jueves, 30 de agosto de 2012

NOCHE MÁGICA EN JABALCUZ

Foto cedida por Xuxin
 Parte de la recompensa de subir a una montaña, es el poder disfrutar del paisaje que ésta ofrece desde su parte más alta. Nos sentimos semi-dioses en cada Olimpo al que subimos, pero, ¿y si la subimos de noche y con luna llena? entonces la magia inundará el paisaje y nos transportará a otro mundo, al de la fantasía.
Un sábado por la tarde, un grupo de amigos decide subir a Jabalcuz; esa montaña de 1.614 m  que destaca sobre los cerros donde está enclavada la ciudad de Jaén. 

Foto cedida por Xuxin
 Una tarde de charlas, chistes, risas y como no, el amigo Jesús (Xuxin) y yo, de fotografía.
Iba cayendo la tarde cogiendo altura. Las sombras toman protagonismo dejando de lado a los últimos rayos de sol que agónicos se pierden en el horizonte.
Foto cedida por Xuxin


Foto cedida por Xuxin


Foto cedida por Xuxin


 A esta falta de luz, correspondía sacar el trípode de la cámara, había que estabilizarla para poder captar mejor las imágenes. Xuxin, cazaba imágenes preciosas a la vez que también me cazaba a mí endulzando mi cámara con todas estas fotos que hoy puedo compartir con vosotros.




 La noche cerrada hacía más interesante la ruta. Las estrellas se hicieron reinas de la oscuridad en el cielo, por poco tiempo. Abajo las luces humanas intentan competir con las estrellas, dibujando un bonito paisaje.


Foto cedida por Xuxin


 Tras pasar la Cresta del Diablo y rebasar  el Puerto del Aire, tendremos unas maravillosas vistas hacia el noroeste. En el horizonte aunque es noche cerrada, quedan vestigios rojos del astro Rey. Innumerables pueblos alumbran los campos de eternos olivos.

 Unas cuantas curvas, algún que otro chiste, risa y… la magia. La luna nos deslumbra más fuerte que nunca, nos dibuja un paisaje digno de cuentos de hadas. “Fantasía” existe, no ha muerto, está en una noche de luna llena en la cima de Jabalcuz.

Foto cedida por Xuxin
 Tras llegar a lo más alto y saludar al solitario vigilante en el refugio de fogueros, ardua labor para estos tiempos que corren de indomables fuegos que devastan nuestros montes, comenzamos a bajar, sin necesidad de luz alguna, había un gran candil que nos alumbraba colgado en el cielo, nosotros…felices.

Mis mejores momentos

EL TORRECILLAS

  Cuando nos sumergimos en el hermoso abismo de los libros, nuestra imaginación fluye entrelazando imágenes y palabras, dando vida a pers...