domingo, 24 de junio de 2012

JABALCUZ

 Teníamos entre 10 y 11 años, cuando aquella mañana de enero, decidimos subir a nuestro pico, aquel que alimenta la leyenda urbana de que hace miles de años era un volcán y que alguna vez debe despertar.
Nos encordamos malamente a media cima, con una cuerda de pita larga que habíamos comprado previamente en “Antón”. La nieve nos llegaba más arriba de las rodillas; en aquel entonce no había camino, ni refugio para los vigilantes de incendios, sólo había una cruz metálica, que estaba en lo más alto y nos servía de guía para el ascenso. Pero nuestro afán de aventura, de llegar a lo más alto, la ilusión de ver todo aquello, el ser los reyes de nuestra montaña, nos empujó hasta la cima, donde llegamos exhaustos y empapados, habíamos subido por primera vez a Jabalcuz.

Ha nevado y llovido mucho desde entonces, el paisaje ha cambiado tanto como nosotros, deteriorados ambos por el tiempo. Jabalcuz ahora tiene caminos que suben hasta lo más alto, en la cima hay una caseta de fogueros para la vigilancia forestal y desde hace poco, la cruz metálica no está. 
Cruz en la cima de Jabalcuz, foto tomada  hace cinco años
 En esta ocasión decidimos ascender desde el Megatín, lugar de urbanizaciones veraniegas apegadas a las faldas de esta montaña por la parte de la población de Torredelcampo.


 Tomamos el sendero que en algunos tramos, bastantes, está muy deteriorado, sobre todo en las zonas de gran pendiente, por las frenadas de las mountain bikes.
El sendero sube zigzagueante, atajando una y otra vez a la pista, la cual busca la forma más cómoda de subida a la montaña, ya que por ella deben de pasar los vehículos de la defensa forestal. 


 Poco a poco, el paisaje va abriéndose ante nuestros ojos, el mar de olivos hacia la campiña y el de pinos en la montaña. En esta ocasión como cruz de guía, será el refugio  que poco a poco irá haciéndose más visible.


 Llegando al Puerto del Aire, el sendero desaparece, la pista se bifurca en dos, la de bajada hacia Jaén, y la que sube hasta la cima, además de un sendero pisado por algún todo terreno, que se dirige hacia la Cresta del Diablo, otra forma muy chula de ascender a esta montaña, desde el Cerro del Neveral. Me hace recordar también que por ahí, por la Cresta del Diablo, ascendí de adolescente con un gran amigo, mi perro Tito.


 Han desaparecido los pinos y las pocas encinas y el sol aprieta, así que sin sombras donde cobijarnos, sólo nos queda seguir ascendiendo por la pista, pero ésta nos deja la recompensa del paisaje.

 Abajo, la línea del Cerro de los Morteros, la Mella y Almodóvar que curiosamente en la falda está mi casa. La zona menos poblada de Jaén, pero la más envidiada por el frescor y el paisaje, la zona sur, se ve pequeñita, casi escondida entre aquellas montañas que desde abajo parecen enormes pero desde la más grande, empequeñecen como nosotros ante ellas.


 Entre curvas y curvas, aparece Mágina, tan espectacular como siempre, con sus cimas que en esta época del año, suele tener aún manchas blancas de neveros resistentes al calor, pero que este año por la falta de lluvia, han dejado desnudas por anticipado estas cumbres.
 Estamos en lo más alto, 1.614 m y una maravilla de paisajes que se extienden sin fin, hacia los 360º de horizonte. Ahora, también tendremos vistas privilegiadas de mi querida Sierra Sur de Jaén, capitaneada por la Pandera, y detrás a lo lejos, la Sierra de Cazorla y más al sur Sierra Nevada y más…




 Sólo nos queda descender, buscar sombra donde cobijarnos y descansar de un fin de semana que fue frenético de montaña, subiendo el sábado al Puntar de la Misa y como descanso, ascendemos a Jabalcuz, pero como cuando era niño, encordado y con nieve hasta las rodillas, mereció la pena.


lunes, 11 de junio de 2012

Cañada del Sáucar-Calar del Cobo-Puntal de la Misa.

 Cada vez que me sumerjo en lo más profundo de la Sierra de Segura, me cambia la percepción de las cosas, de los colores y del tiempo. El verde es más verde, el azul más intenso y las horas, minutos y segundos, se ralentizan y casi dejan de existir.
 Nuestra primera intención era comenzar en Prado Maguillo, para poder disfrutar a pie del camino que une a estas anacrónicas cortijadas escondidas de la Sierra en tan bellos lugares, pero se nos había hecho tarde, y decidimos aunque lentamente avanzar con el coche hasta la Cañada del Sáucar.

 Aquí comenzamos propiamente la ruta, ascendiendo suavemente pero con  una pronta imagen del Yelmo, que se cuela altivo entre los Crestones de “El Rayo”, y abajo el verdor de la Cañada, “Cañá” para los serranos.


 Seguiremos por el camino y a nuestra izquierda veremos un gran hundimiento en la tierra, es la Sima del Calar,  como la idea es volver circundando la montaña, a la vuelta nos acercaremos para verla de cerca.
 Poco a poco tomamos altura descubriendo siluetas montañosas que conocemos y que son fáciles de identificar, como el barco invertido del Calar del Espino y el Naval Peral.



 Conforme avanzamos nos sorprende la visión fantasmagórica frente a frente de la gran cueva de los Anguijones, vista siempre desde la carretera de abajo arriba, o desde su umbría, aunque desde aquí no se puede apreciar su magnitud; el Calar del Cobo, si es un buen balcón para poder observar esto y otras muchas maravillas que se esconden en esta Sierra.


  A lo lejos, ya se ve la caseta de fogueros y cima de este grandioso calar: El Puntal de la Misa.
 
 
 
El Calar de la Cabeza Mora , la Umbría de los Anguijones, que tan gratos recuerdos me traen y el Puntal de la Pililla, será la zona alta que nos sorprenda, pero el verde especial de las aguas de un joven río Segura, retenidas en el Pantano del Anchuricas, es la guinda especial de este apetitoso pastel.



 Nos asomamos a los llamados “Dientes de la Vieja”, desde aquí no se aprecia el por qué, de llamar a estos crestones así, pero desde la Umbría de los Anguijones por ejemplo dónde he estado varias veces, sobran explicaciones.

 Como en otras muchas cimas, el punto geodésico esta sobre la caseta de fogueros, como siempre apuntando al cielo indicando que esta es la zona más alta del lugar.


 La vuelta la hicimos sin camino a seguir, bueno sí, las suaves aristas de esta inmensa montaña, dejando a un lado el sendero que desciende hacia El Carrascal y las Gorgollitas, de todas formas nos asomamos a los tornajos, fuente refrescante para todo aquel que asciende por el sendero.





 Ya en el lado opuesto al Puntal, debemos dejarnos caer entre prados verdes, hacia la sima, aquí me asomo y es espeluznante como en el centro del gran cráter, haya una oquedad casi infinita hacia el corazón de la tierra.




 Por senderillos de animales enlazamos de nuevo con el camino que nos subió hasta lo más alto, ahora sólo nos queda descender y recordar todo lo que hemos disfrutado.
Para finalizar este reportaje, os dejo algo que escribí hace algunos años y publiqué en mi primer blog, alguno lo recordará “El blog de Miguel”.





POR LA SIERRA PROFUNDA DE SEGURA

Se detuvo el tiempo en la Sierra profunda de Segura. Las estaciones se revelaron y cuando crees encontrar un verano moribundo y seco, encuentras una primavera tardía, adormecida, con sus umbrales verdes y alguna que otra flor escondida.
Se detuvo el tiempo en sus casas, en sus gentes, en sus paisajes. Receloso está el futuro con ese pasado semiconstante de estos lugares.                                                    Emplazamientos dominados por grandes montañas de picos ensalzados, llamados allí puntales, como el de la Misa o las Pilillas. Puntales cuyos inquilinos, los buitres, dan sosiego al observarlos con su vuelo tranquilo y apaciguado.
Abriendo brechas, sus ríos, Zumeta y Segura, que esquivos forman sus hermosos valles, uniéndose en las llamadas Juntas, como se unen dos enamorados en un beso eterno deteniéndose el tiempo también para ellos.
Aldeas como Miller, La Toba , Huelga Utrera, Las Gorgollitas, enclaves serranos con sus historias, sus pasiones y sus idas y venidas de viajeros del tiempo. El tiempo, la carcoma de la vida que para estos lares dejaron de existir.
Nosotros, visitantes y amantes de estas Sierras, almas embriagadas de tus imágenes y sensaciones, consigues relacionarnos desde diferentes y alejados lugares para contemplarte y admirarte fraguando amistad, y tras suplicar al dios Kronos; se detuvo el tiempo también para nosotros...        

Se detuvo el tiempo
por un momento, y nuestras miradas
abarrotadas, del espeso verdor de tus paisajes,
se limpiaron de asfaltos despiadados
que nos nublan el alma cada mañana.

Se detuvo el tiempo
y nuestras mentes se enlazaron
todas en una, al contemplarte,
por un momento.

Se detuvo el tiempo
en la Sierra de Segura,
y el torbellino de tu grandeza,
nos envolvió a todos
en un lazo de amistad.

Se detuvo el tiempo
en un hermoso momento,
momento que no podremos olvidar...
 Miguel Ángel Cañada