Nava del Milano-Las Cebadillas-Collado del lobo

 En la carretera trasversal de las Villas (Parque Natural del Cazorla, Segura y las Villas), nos encontraremos con un sin fin de posibilidades para disfrutar de la naturaleza, pero para mí toda esta zona está impregnada de una magia especial.
La pista que asciende levemente hacia la Nava del Milano, nos irá mostrando de un lado a otro el antes y el después de la vida en estas maravillosas sierras.

 Restos de antiguos campos de una dura labranza, regadíos y fuentes que aún sirven para abastecer a las casas dispersas del lugar y unas casas camufladas de un ayer pero con todas las comodidades del hoy.
Pasados unos cortijos y de una fuente con el mismo nombre de la Nava donde accedíamos (del Milano), las casas de esta elevada llanura, nos sorprendieron gratamente así como alguno de sus habitantes. Personas que venidas de muy lejos, cuyo idioma y clima distan tanto del lo nuestro y que la magia del lugar los envolvió obligándolos a vivir en estos lugares.




 A partir de estas casas, la pista se convierte en su primitiva forma, un sendero, que nos seducirá con sus formas y paisajes.
La senda va buscando atravesando el arroyo de las Cebadillas, casas que toman el nombre del arroyo, siendo la primera en encontrarnos, casi colgada en la roca, el cortijo de la Cebadilla alta y como no la Cebadilla baja. 




 Esta senda termina en el carril de la Casa del Poyo del Moro que nos conduciría a la localidad de Mogón, pero nuestra intención sólo era la de introducirnos hasta la zona en que los pinos dejan paso al cultivo rey de esta provincia, el olivo.
Volvímos sobre nuestros pasos hasta el barranco angosto del arroyo y una pequeña senda bastante difícil de seguir, nos conducirá hasta el Collado de la Traviesa y a la vez nuestro instinto y la suerte hasta la era del Collado del Lobo.



 Como casi todas las rutas veraniegas, sabemos que la sequedad de la tierra y el color del paisaje no da fe de lo verdaderamente maravillosos son estos paisaje que pronto se vestirán de verde, pero nosotros lo hicimos con la magia de la imaginación.

“La ventana estaba abierta; los gallos parecen desgarrar la bruma que los pinos retienen entre sus ramas como jirones diáfanos. Campiña húmeda de aurora. ¿Cómo renunciar a tanta luz?”
François Mauriac (Thérèse Desqueyroux)

Comentarios

  1. Hermosísimas vistas, Miguel, que placer andar, caminar con las pausas que impone el paisaje. disfrutando, gozando...

    Un fuerte abrazo,

    Luis.

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