sábado, 22 de septiembre de 2012

OTRA VEZ POR LOS CAHORROS DE MONACHIL

 Cuando mi hermano Jesús Carlos,  dijo de salir al monte con nosotros, tuve claro que para un día de calor veraniego, era mejor una pequeña rutilla cerca de un río y que sorprendiera su paisaje. Así que pensé en repetir por los Cahorros de Monachil, siempre merece la pena.

 En esta ocasión comenzamos la ruta desde la Central Eléctrica de Tranvías, llamada así por suministrar, en su día, la electricidad a este medio de transporte ecológico ya desaparecido.
 Me llamó la atención al principio, por la senda que atraviesa huertos y frutales, carteles de prohibido el paso. Yo ya había estado por esta zona y parecen recientes, pero es curioso que la Web del Ayuntamiento de Monachil, dé como válido éste, el comienzo de la ruta. Me imagino que todo esto, es debido a la masificación del lugar y la despreciable actitud de algunos visitantes, a los que no les importa ensuciar, destrozar y sobre todo no saber respetar la propiedad privada de estos señores que estarán hartos de tantos energúmenos.

 Pronto los puentes colgantes y abajo el río, dejará sin palabras a mi hermano, y es que este lugar más que una ruta, parece un parque temático de aventura, como antes he comentado bastante masificado.


Foto cedida por Jesús Carlos Cañada



 Nos salimos de el trayecto un momentillo, pues aunque el río para estas fechas llevaba bastante caudal, pero no la suficiente como para impedir meternos por las cuevas naturales que excava  a su paso a través de los años, y  nos deja la maravilla de cascadas de fantasía bajo la tierra. No pude reprimirme en posar para una foto en el lugar.


Foto cedida  por Jesús Carlos Cañada



 Seguimos cruzando puentes, hasta llegar al  más largo con sus 63 metros y espectaculares  vistas. Abajo el río y las cascadas, una frente a nosotros  y a un lado del puente la otra, rompiendo abajo en las rocas de una forma atronadora.



 Entramos en la cerrada, donde las paredes verticales sólo dejan pasar apenas tímidamente algún rayo de sol. 


 Otra sorpresa agradable en el recorrido, es cuando vemos que el río se sumerge en la oscuridad de un túnel natural, por el cual debemos pasar nosotros. Maravilloso espectáculo.





 Una vez fuera de este cañón tan espectacular, la luz y el azul del cielo, se hacen visibles, pero seguimos sintiéndonos pequeñitos, entre las caprichosas formas de las rocas y una menguante luna que tampoco ha querido perderse este genial día.





 Otros puentes, otros caminos, sendas para ir y venir, invitándonos para otro día a pasar por ellos, pero hoy sólo queríamos llegar a la siguiente Central eléctrica. Un paseo, unas fotos, un buen día.

 A la vuelta y como siempre mucha gente con ganas de disfrutar de estos parajes,  madrugadores volvemos cuando todo el mundo llega. En las paredes podemos ver encaramados algunos amantes de la escalada; aquí todo es aventura.


 Cerramos el día en Granada, paseando casi más que en los Cahorros. Paseos que nunca me canso de dar, lugares que una y otra vez me sorprenden y por último, otra vez termino en el Realejo, los graffitis de este barrio son como un gran museo en la calle y aunque mi hermano conoce tanto como yo Granada, se sorprendió bastante con estos frescos del sprays callejo.
Foto cedida por Jesús Carlos Cañada