martes, 25 de octubre de 2011

Playa de Cantarriján-Playa del Cañuelo

 Nos encontramos en el Paraje Natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo, en las estribaciones de la Sierra de Almijara, entre los términos costeros de Almuñécar en Granada y Nerja en Málaga.
 La Playa de Cantarriján, es una playa naturista a la cual se puede acceder por una pista entre pinos, cuyo acceso es limitado al tráfico en época estival, pero fuera de temporada se puede acceder con nuestro vehículo. Confieso que aunque el día era bueno, pero la circunstancias de ser otoño y día laboral, esperaba una playa desierta, para poder fotografiarla a placer, pero no pudo ser, dejé la cámara guardada, ya que había mucha gente y claro está al ser naturista casi toda desnuda.


 Tomamos el cauce del arroyo Cantarriján. En esta ocasión por la falta de lluvias iba seco, aunque yo lo he visto con agua y es precioso. Cuando llevamos unos trescientos o cuatrocientos metros, tenemos que ir pendientes de la señal en forma de flecha, blanca y roja del GR-92 (Sendero de Gran Recorrido del Mediterráneo), justo aquí comienza la senda de subida, hacia el Collado del Cerro Caleta.




 Casi toda la senda estará de vez en cuando, señalizada por estas marcas, que se agradecen en algunas ocasiones de duda.



 Nos vamos dejando a nuestra espalda, Cerro Gordo en la provincia de Granada al igual que la Playa de Cantarriján (nuestro lugar de partida) y nos dirigimos hacia nuestra siguiente etapa, Torre Caleta.


 Desde Torre Caleta tendremos un gran balcón al inmenso azul del mar y  de un lado a otra, los acantilados, pequeñas playas y calas de la costa granadina y malagueña.
Seguimos por el sendero que nos acercará hasta la Cala de las Doncellas, una preciosidad paradisiaca, de la que he tomado nota para algún día de baño y relax en mejor época.


 La Playa del Cañuelo será el siguiente espejismo hecho realidad con una arena fina observada a poca distancia por los verdes pinos.






 Otra gran sorpresa fue en el ascenso, intentando rodear el Cerro Caleta, el poder avistar entre la vegetación, a unas cabras monteses, tan cerca del mar. Sabíamos que era posible verlas pero no imaginábamos que nosotros tendríamos esa suerte.

 Rodeado el Cerro Caleta, sólo nos queda dejarnos caer hacia el Arroyo Cantarriján que desemboca en nuestro lugar de destino y origen, la Playa de Cantarriján.

“El mar es un olvido,
una canción, un labio;
el mar es un amante,
fiel respuesta al deseo.

Es como un ruiseñor,
y sus aguas son plumas;
impulsos que levantan
a las frías estrellas.

Sus caricias son sueño,
entreabren la muerte,
son lunas accesibles,
son la vida más alta.

Sobre espaldas oscuras
las olas van gozando.”
Pedro Salinas

martes, 18 de octubre de 2011

Caño del Aguadero

 El Caño del Aguadero es uno de los lugares más bonitos de todo el Parque Natural de Sierra Mágina. Da nombre a la antigua vía pecuaria, hoy convertida en pista forestal, ganadera, sendero de pequeño recorrido, amigos del 4x4, cazadores de caza menor, de caza mayor…El nombre parece ser que se lo puso el Rey Fernando III el Santo, cuando quedó prendado por estos lugares en su paso conquistador de estas tierras.
 Nosotros decidimos comenzar el sendero primero por la zona original, la casi autovía de la Sierra, con la suerte de encontrar en este primer trayecto sólo con un grupo de caballos que libremente transitaban en nuestra misma dirección.
 Un poco más arriba, nos desviamos de esta travesía “tradicional” tomando otra pista más pequeña que se dirige hacia el Barranco del Perú, pero ésta, sólo la tomaremos en su principio, ya que desde allí comienza una preciosa senda de herradura que nos remontará casi hasta el final de nuestro destino de una forma más placentera para el amante del sendero.

 Desde la Cañada de Santa María, tomamos esta senda que toma este mismo nombre, zigzagueando siempre mirando hacia el cerro El Campanario, entre encinas, quejigos, cornicabras y el sauce de montpellier, dando todos estos un colorido especial de otoño jugando con los colores de unos y otros árboles y arbustos.



 Tomamos poco a poco altura y las vistas se amplían metro a metro de subida. La Serrezuela de Bedmar primero y con ella, sus dos pueblos a un lado y otro; Jódar y Bedmar separados por esta mole. El Carluco, que curiosamente da la impresión de estar desnudo de vegetación, pero no es así, ya que en sus dominios crece uno de los mayores cornicabrales de Europa, pero la sequedad de este otoño ha teñido de un ocre pálido las hojas de estos arbustos dando la sensación de desnudez a esta montaña, ya que sus vecinas rebosan de colores verdes, rojos y amarillos.El Aznaitín, Cárceles, y las grandes cumbres de la sierra también comienzan a verse.





 El sendero finaliza a las faldas del Campanario, otra vez en la pista forestal, que sólo seguimos un par de kilómetros más, para llegar al Caño del Aguadero; un paraje con otro color característico del otoño, el amarillo y con la frescura de aquella fuente inagotable con su gran caño de agua y por encima aquel antiguo refugio, hoy aprovechado por pastores.
 






 A la vuelta, la pista parecía tranquila y decidimos hacer la ruta de una forma circular volviendo por ésta, pero hubiera preferido volver por el sendero, ya que el camino se hace interminable y de vez en cuando, el paso de algún coche que no sólo no frena, si no que parece acelerar para rebozarte de polvo.

 Hubo un tiempo que los amantes de la montaña, andábamos por estos lugares más tranquilos, el camino estaba muy restringido al motor y sobre todo tanto la fauna como la vegetación del lugar respiraba más sano y se podía oír mejor el sonido del silencio.

“Conozco bien los caminos
conozco los caminantes
del mar, del fuego, del sueño,
de la tierra, de los aires.
Y te conozco a ti
Que estás dentro de mi sangre.”
Miguel Hernández