CERRADA DE LA CANALIEGA (Aquellas viejas sendas de pescadores)

 Dicen mis amigos, que cada vez que voy a la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas, cambio, se me dibuja una sonrisa en la cara que normalmente queda difuminada por la cotidianidad del día a día y sobre todo, dicen, que resalto el último lugar visitado como el favorito de la Sierra. Los más allegados saben que mi lugar favorito por encima de todos es la Fresnedilla, junto al nacimiento del Aguasmulas, pero la Canaliega, no está mal para sentirte “perdido”, maravillosamente perdido.


 Tras un rato de descenso por la pista forestal, antiguo camino serrano de trasiego e historia, llegaremos a Vado Carretas, lugar donde el río Guadalentín, hace su presentación.


 Nosotros tomaremos la antigua senda de pescadores, que laboriosamente tallaron literalmente en muchos lugares en la roca, una senda, en lugares abruptos y bellos. Ahora este sendero, dañado por la erosión, las crecidas y el paso del tiempo, nos ayuda aún, a disfrutar de estos maravillosos lugares.



 El río este año lo hemos visto alegre de agua, más que en otras ocasiones, las pozas y “charcos”  están rebosantes de agua. Nosotros en más de alguna ocasión tuvimos que sumergir nuestros pies, piernas, cintura… ya que los cruces de la senda de una orilla a otra, los facilitaba antiguos puentes, ahora sólo pilares que para los más ágiles suelen ser un saltito, para los que ya no lo estamos tanto, un chapuzón.

 Llegamos hasta la unión de este río, con el cristalino arroyo Gualay, aquel que en otra ruta nos deleitaba con otra bonita cerrada, la Cerrada del Pintor.




 Pasada esta zona, la opción para nuestras posibilidades, técnicas y físicas, fueron las de subir hasta la vieja Cañada de la Mesta,  que nos conducirá hasta el paso del Vado de Carretas y de aquí a nuestro origen.



Antes de llegar a Vado Carretas, hicimos una parada en Poyo Trivaldo y las ruinas de sus antiguas edificaciones serranas, ruinas llenas de historias, repletas de vida, muerte y recuerdos.






“Regresaré a la casa,
la casa de mi padre,
abriré la ventana
y que la limpie el aire.

Que limpie la esperanza,
que arrastre los recuerdos
y arranque de los muros
los retratos ya viejos.

Que azote las arañas,
las ratas campesinas
que invaden los rincones,
donde murió la vida.

Regresaré a la casa...

Renovaré los suelos,
el techo, los tejados
y el muro que soporta
los cierzos más airados.

Blanquearé el silencio,
el patio, la cadiera
y el rincón donde niños
crecimos hacia fuera.

Regresaré a la casa...

Y cuando respirables
resulten las alcobas
traeré a mis compañeros
para iniciar la obra
de levantar un árbol
delante de la puerta
que dé cobijo al aire
y al hombre le dé sombra.

Regresaré a la casa...”
José Antonio Labordeta.

Cerrada del pintor

Comentarios

  1. Hola Miguel, el maestro Labordeta, que bueno, tuve la suerte de conocerlo en persona en una actuación que hizo en Miranda de Ebro y charlar un rato con él. No había otra persona, era tal cual proyectaba.
    Me ha gustado mucho la ruta por esas sendas talladas, que la confiere una belleza añadida al lugar.

    Un abrazo

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  2. Porque, a muchos locos del monte les encanta la poesía, o quizás es al reves.

    Mi caso fué monte y luego poesía.

    Dos aficiones comunes.

    Saludos desde El Bierzo de un gadita.

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