domingo, 13 de junio de 2010

CERRILLO DEL PIORNAL-CALARILLA-NAVAS DE SAN PEDRO


El epígrafe con el que he denominado el recorrido, podría haber sido mucho más amplio, pues el itinerario de esta ruta, enlaza con lugares y nombres muy conocidos por el amante de estas Sierras, bien por la belleza de su entorno o por las historias y leyendas que las rodea.
Comenzamos desde Collado Verde. La pista que suavemente nos asciende hasta el Cerrillo del Piornal, nos desplaza escondiéndonos el paisaje que nos asombrará una vez lleguemos a los 1.649 m. de la cumbre, dónde hay un antiguo refugio de fogueros; lugar estratégico para vigilar posibles incendios en la zona.
Más tarde descendimos por una senda (a veces) que nos dejará muy cerca del llamado Puente de Guadahornillos. Este lugar no es un puente como imaginamos, una construcción para salvar río o arroyo. Es un puente natural, un collado desde a un lado divisamos un valle y en el otro, uno diferente.
Seguimos la pista que en poco, nos conducirá a unos prados de ensueño, la Nava de las Correhuelas, allí aprovechamos para tomar un bocado y coger fuerza para seguir hacia nuestro destino final.
Con el buche lleno y los sentidos colmados de todo lo que nos rodea, reanudamos la marcha, hacia el pico Calarilla. Lo primero que nos encontramos, es un lugar con una leyenda triste, marcada de sangre y que hoy día por desgracia, las noticias nos colman con historias como esta, las llamadas “violencia de género”, el Pino de la Mala Mujer.
Cuenta la leyenda que un forastero tratante de ganado, cada vez que paraba por estas tierras, se hospedaba en el cortijo de un joven matrimonio. Este señor, se enamoró de la señora de la casa, que según dicen era una hermosa mujer, y ella correspondió con su amor también. Un día decidieron fugarse juntos y aprovechando la ausencia del marido marcharon a caballo. Pero el marido que sospechaba el engaño, volvió pronto a casa y descubrió que se habían marchado. Montó en su caballo y armado, dio caza a la pareja disparando por la espalda primero a su desdichada mujer más o menos en el lugar donde el topónimo da nombre y un poco más adelante, al marchante enamorado.
El Calarilla está cerca, el punto geodésico se divisa perfectamente desde la pista y comenzamos la subida corta pero dificultosa. Desde sus 1.736 m. nos embelesamos admirando el paisaje.
Volvemos un poco por nuestros pasos, para llegar hasta las Navillas de Capazul, aquí nos sentimos mancilladores de un lugar dónde no pertenecemos, las rapaces volando libres sobre nuestras cabezas y varias manadas de muflones corriendo y pastando en su hábitat nos transportan a un estado libre y primitivo, a una sensación de conseguir ser parte de un paisaje sin serlo.
Por cierto una muflona descarda y coqueta, decidió posar para nosotros.
Al final de las Navillas, comenzamos un descenso más pronunciado hasta encontrar el viejo camino de Valdetrillos, que paralelo a nosotros nos acompañará el arroyo con el mismo nombre.
Este camino nos conducirá hasta otro lugar emblemático, el Estrecho de Perales, uno de los miradores escogidos por el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, para grabar algunos de sus episodios archiconocidos del “Hombre y la Tierra.”
El camino hará unos kilómetros más adelante, cruce con el de Valdecuevas y su arroyo acompañante y este a la vez nos conducirá hasta la Nava de San Pedro, uno de los lugares más bellos del Parque Natural, dónde aún quedan restos activos de la vida agraria serrana de tiempos pasados, hoy casi exterminados y suplidos por la hostelería.

martes, 1 de junio de 2010

PUERTO DEL CALVARIO


El tobillo aún dolía bastante, así que decidimos dar un paseo por la Sierra de Cazorla y escogimos una ruta sin dificultad, una de esas que por su sencillez, se va dejando para otra ocasión y qué mejor ocasión que ésta.

Desde el paraje de Linarejos, comenzamos despacito y calentando el pie, por la pista que poco a poco nos subirá hasta el puerto del Calvario, destino marcado para volvernos ya que esta pista tiene muchas posibilidades.

En todo el trayecto nos irá acompañando Peña Gallinera, a la que nos aproximaremos y alejaremos según el capricho del camino.

Recordé al pasar por allí, de la leyenda sobre la Encantá de Peña Gallinera, la cual dice que por el día de San Juan, la encantá de Peña Gallinera se transformaba en un pollo vagando constantemente por el interior de la Peña y dicen que si pegas el oído a sus rocas, se escucha el canto lastimoso del pollo en sus entrañas.

Pero nosotros sólo escuchábamos el canto de los arroyos de los Ubios y Roblehondo descendiendo por sus cauces sin más leyenda que sus sueños.

Una vez en el Puerto, el paisaje nos recompensó con sus prados verdes y sus silencios, y tras un bocado, deshicimos el camino pudiendo admirar el paisaje perdido en nuestras espaldas en el ascenso.

El tobillo quiso susurrar que había sentido dolor, pero el alma lo enmudeció con sentimiento y pudo con la razón.